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lunes, 2 de abril de 2012

Regreso (II)


La tarde no fue implacable. El frío que traía la imparable noche sí. Fue el rostro del pleno invierno el que vimos y tuvimos que esforzarnos para soportar las ráfagas de viento que subían del valle donde se asienta Quetzaltenango. El  entorno rocoso y casi agreste sólo nos da unos puntos de verde: pinos y algo de pajonal quemado por el clima adverso. Ahí encendimos un fuego y montamos una carpa. Hay, por cierto, unas fotos (que no son mías) donde aparecemos parados en el justo lugar donde la carpa estuvo, eso al día siguiente y, se nota el colchón de agujas de pino que fabricamos para hacer más vivible el montón de piedras donde se suponía dormiríamos esa noche. Miento a medias con lo de la carpa, porque apenas participé en su levantado, fueron Xiomara, Edgar y Giovanni quienes se encargaron de eso...  yo, como otras veces, me entretuve en la ruleta rusa de encender un fuego que apenas alimentaba con ramitas pequeñas. Luego Edgar y Giovanni se apiadan de mi y consiguen leña. La cena y la plática, muchos celulares encendidos (¡arrepiéntase pecadores!) y los momentos de ser y estar.


Llega la mañana. Edgar se había levantado muy temprano para ver el amanecer. Aunque yo supongo que lo hizo para estirar su larguirucho cuerpo de una noche en una carpa (otra noche de esas) donde no cabía. Al salir yo, hicimos una mini sesión de práctica con la cámara reflex digital que ahora me acompaña y logramos fotos bastante decentes jugando con las posibilidades que la cámara da. En la foto: Edgar y Giovanni. Todavía en la carpa dormía Xiomara.


Como cosa rara, en esta foto Giovanni no tiene los brazos levantados (pose característica que supongo viene de sus años oscuros). La erizada piedra donde se encuentra de píe oculta tanto como deja ver. Hay, todavía, muchas fotografías de esta salida y muchas historias que se contarán con la impertinente tardanza, el cuentagotas, que es mi memoria y mi tiempo. Ahora, tres meses después, hablo de un diciembre que ya parece lejano. De píe sobre un sueño estuvimos. Espero llenar los vacíos y poner otras fotos pronto.

viernes, 23 de marzo de 2012

Regreso


Cada vez me parece más poderosa la metáfora del camino inexistente. Puede que a los demás no pero, en mi caso, hay cientos de razones para entender que eso no significa detenerse ante el río, la roca, el lago, el abismo... sino el estallido, el reto. Cada vez me cuesta más mantenerme en píe (literalmente), pero es casi una profesión de fe el salir y caminar para, de una vez por todas, llamar al destino y sentirme parte de ese todo que me brinda sonrisas y sueños.
En la foto, en alguna parte del Volcán Cerro Quemado, Almolonga, Quetzaltenango, de izquierda a derecha: Giovanni, Edgar, Xiomara y yo. Tomamos ruta hace ya unos meses. Queríamos cumplir una ruta nueva en ese volcán ya que varias veces lo hemos escalado pero por el lado de Llanos del Pinal (ruta que, por cierto, siempre nos dá problemas) y, esta vez, pretendíamos lograr cumbre por la ruta del Mar de Lava.
Primero: no conocíamos la ruta. Cosa que no es nueva en nuestro modu operandi, puesto que siempre hemos salido a ruta nueva apenas orientados por mapas o por una referencia que alguien nos ha dado.
Segundo: Ya teníamos tiempo de no salir a un volcán y acampar ahí. Subir con mochila de más de 30 libras significa un esfuerzo grande para el cual ya no estamos acostumbrados.
Tercero: Acampar es un juego de muchas facetas y esta vez nos mostró una cara amable. Le debemos a Edgar esa búsqueda de un lugar adecuado y, a pesar de dormir sobre una roca (o intentar dormir), descansamos muy bien.
No logramos cumbre esta vez... pero ya les contaré luego qué fue lo que pasó.

lunes, 31 de enero de 2011

Camino 30.3 y final

Se fugaba la luz del día. Habíamos subido el largo trecho desde la costa sorteando las curvas y la interminable escalada. La decisión era entrar a Almolonga y hacer el tramo más corto, conocer un nuevo paso y acercarnos a Xela desde lo desconocido. De pronto la ciudad se aparece frente a nosotros y es asombro otra vez. Desde las alturas se veía ya el descanso.
El nuevo día nos encontró dispuestos a subir esa cumbre otra vez: el destino final de la salida era el Volcán Chikabal. En esta ocasión teníamos la novedad de llevar a Giovanni por primera vez a ese sitio que tantos recuerdos nos trae a los demás. El desayuno fue tranquilo, en Los Tres Pollitos, comedor que se encuentra cerca del parque central de Xela.
La cosa siempre cambia cuando llegas a Laguna Seca... Tojmech está ahí pero queda atrás, todo se vuelve surrealista, se desafía la razón y las sorpresas ya no lo son... te enfrentas a los recuerdos, al paso implacable del tiempo. Las sonrisas y las manos que saludan son un fantasma, apenas logras aferrarte a la compañía actual, a esos amigos que se desgranan frente a ti, que comentan, miden, deciden, arremeten contra la imprudencia de los conductores de esos dos buses que sepa el diablo cómo hicieron para bajar por esa carretera estrecha... y luego te enteras que llevan un montón de patojas y sonríes nervioso pensando en su seguridad y en la propia...
La laguna sigue ahí. Guillermo, Edgar y yo cumplimos una cumbre más. Giovanni inaugura su sapiencia sobre el lugar. Será capáz, de aquí en adelante, de regresar solo, acompañado, con nosotros, sin más indicación que la de la palabra, el nombre del lugar. Yo voy siguiendo la luz aquella de otras noches y de otras sonrisas y sueños dejados en ese lugar...
Voy, decía, siguiendo la huella de las aguas, apreciando el dolor, liberando al pez del anzuelo, tomando bocanadas de aire y desatendiendo voces, discriminando sus palabras por vez primera, separando ese olor de aquel y el sube y baja de la luz y la tersura de las aguas y el caballo en el camino y su piel áspera, recordando que ahí, que en ese lugar, que entonces... y después abandonar el lugar con ganas de no ver hacia atrás y las nubes que se acomodan a mi sentir y tapan su luz líquida, sus aciertos...
Y nos fuimos. Guillermo pide detenernos en Alaska y hacer la foto del Cuxlikel que siempre ha querido. Edgar se detiene y corremos de un lado al otro esperando que la luz siga así... las cámaras disparan ráfagas que detienen la luz, la congelan...
Y los brazos abiertos de Giovanni son bienvenida y despedida. Jornadas cumplidas como amigos y hermanos. Caminos que concluyen a pesar de nosotros, caminos que inician, también, a nuestro pesar.

Escuintla, Retalhuleu, Quetzaltenango, Sololá, diciembre de 2010.
Mixco Guatemala, enero de 2011.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Son los sueños, todavía.

-¿Sientes el silencio?-dijo la voz.
-No, el cansancio es demasiado ruidoso -contesté.

La ladera no es muy empinada en realidad, la hace difícil de andar el mal estado físico de quien estas líneas suscribe. El volcán es el Tajumulco, coloso mayor de Guatemala y de Centroamérica, ubicado en el departamento de San Marcos, municipio de Tajumulco (4,220 msnm). Víctima de una nevada, broma de mal gusto del clima, curiosidad caza bobos que nos llevó (junto a cientos, que no miles), a "ver la nieve" y a sentir que, de una vez por todas, le pagaríamos a Guillermo la deuda pendiente desde hace tantos años. Y sí, Guillermo fue el que convocó y, con él íbamos Edgar, Giovanni, Roberto, Julio Roberto, Jay, Pepe y yo.

Descansar y más descansar. Tomar fotos y asombrarse cada vez menos de la cercanía del cono principal del volcán. Las planicies entre pinares me reconfortaban de ese desalentador trajín de ser el último de la colada y no ver para cuándo la cima. Creo que ya se habían cumplido diez años de mi primer ascenso a este volcán. No culpo al tiempo de lo desubicado y extraviado del viaje... total, subimos en el pick up y, a pesar del timo del precio, nos pusimos en ruta y la ruta se movía solita. En la foto: Guillermo revisa las fotos de su cámara, Giovanní lo observa y Jay regresa para quién sabe qué. Atrás de Jay se ve a Julio Roberto con la chumpa en la cabeza. Al extremo derecho de la foto se ve el brazo de Edgar. Y, por supuesto, al fondo absoluto de la foto, la blanca cumbre del Tajumulco.

En la foto, apenas visible, Guillermo camina hacia el tercer pinar. El paisaje se vuelve más escabroso, más de páramo. Los pinos enanos empiezan a ser protagonistas de las laderas. El sube y baja de los cerritos es monótono.

Roberto tuvo que conciliar sus labores de tío y padre y quedarse en "la Olla", punto al píe del cono principal donde, normalmente, se ponen las carpas, se hace campamento. Edgar había desaparecido desde hacía una hora o más y a través del celular sabíamos que ya se encontraba en la cumbre absoluta. Decidimos alcanzarlo y coronar el volcán, íbamos: Giovanni, Pepe, Guillermo y yo. Acá se empezaba a ver de veras eso que fue nieve y que el sol ya empezaba a derretir. Aun así, es difícil pensar que esa escena se volverá a repetir pronto. En la foto: Pepe y Guillermo.

La cumbre absoluta del volcán está bifurcada en tres sub cumbres. En la foto Guillermo sube en el collado entre la primera y la tercera cumbre.

Subiendo a la segunda cumbre, la que da a la cara sur-este del volcán. En la foto Pepe.

Ya en la cumbre sur-este. Pepe en la foto y al fondo el volcán Tacaná, frontera de Guatemala con México.

Cráter del volcán Tajumulco. Mide unos 70 metros de diámetro y unos 50 ó 60 metros de profundidad, está ubicado entre las cumbres noreste y sureste del volcán. Al fondo, debajo de las nubes, se debería ver la costa sur y el mar.

Torre de triangulación del instituto Geodésico internacional. Al fondo las serranías del norte de San Marcos.

Vista del volcán Tacaná en el descenso del volcán... ¿importa decir más?

"...son los sueños todavía,
los que tiran de la gente
como un imán que los une cada día.
No se trata de molinos,
no se trata de Quijotes.
algo se templa en el alma de los hombres
una virtud que se elva por encima de los
títulos y nombres..."

Gerardo Alfonso.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Río de Lava

Giovanni y Edgar bajan por una senda que no existe. El río de lava fría no deja espacio para equivocarse, cada paso debe ser meditado. Se escucha el crujir de vidrio roto con cada trecho que se avanza.
Y ya son años (¡quién lo diría!) que este río brotó. Rompió la ladera norte de las faldas del cono principal del Pacaya y brindó un espectáculo que muchos llegaron a ver, especialmente de noche. Fue bueno y fue malo: mostró a muchos la existencia de este lugar pero ha convertido la paz y tranquilidad que recordábamos en un circo que poco tiene ya de sano. "Ustedes son de la vieja escuela" dijo el guardarecursos que me conoce y con el que hablamos ese día... y es así... nosotros no subimos el volcán por los ríos de lava sino por... por... pues "porque está ahí " (como dirían los alpinistas pioneros e iniciáticos).
El viento es el mismo, los olores, la magia...

Laguna de Calderas.

De aquellos viajes de hace más de una década, conservo la imágen clara y potente de un descenso a un acuático paraíso-infierno. Subir a lo alto de un cerro para luego, entre rastrojos de milpa, llegar a la orilla de la laguna que se adivina en la foto.
Roberto, Edgar y yo. Trío empecinado en hacer y deshacer caminos. "Sucios y locos" emprendimos camino de vuelta a casa sin medir las consecuencias de un desvío y de un malentendido. Queríamos llegar a Amatitlán y llegamos a Calderas. En el descenso me quemé las manos con Chichicaste y pude poner en práctica un viejo consejo, una cura que cada vez es más difícil de trasladar, de compartir.
Pero decía, llegamos a la laguna, nos refrescamos en ella y preguntamos cómo salir del lugar para llegar a Amatitlán y desde allí a Guatemala... nos dieron un consejo: subir el cerro que aparece al fondo de la foto que presento, entonces estaríamos ya en Amatitlán... lo que no medimos fue el tamaño del municipio de marras y la enorme distancia que nos separaba del lago. De Calderas llegamos a San Antonio el Pepinal y de ahí a Llano de Ánimas... carretera polvorienta que no dejaba avanzar casi nada (aprendimos también a hacer la conversión de leguas a kilómetros, ya que cada vez que preguntábamos nos respondían dando la distancia en la primera medida dejándonos igual de ignorantes, cual si no hubiéramos preguntado nada).
Llegamos al fin a Amatitlán en la palangana de un pick up... recuerdo las palabras de Roberto: "ni se les ocurra preguntar 'cuánto es', que no tenemos pisto"... y era cierto: para ese viaje yo llevaba nada más cinco pesos y los demás por el estilo... eran tiempos de salir y ser, el dinero servía pero no importaba, ya otra vez, en otro volcán, bailó en nuestra mente la idea de usar los billetes que teníamos en las bolsas para prender fuego...
Qué se yo... divago...
Calderas está ahí y me mira con su verde ojo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Adocenada.

Con la Zenith 135, de la que tanto he hablado, con la Cannon AE1 Program, con esas cámaras es seguro que hice, hicimos, esta foto varias veces. Desde el camino que va de San Vicente Pacaya a San Francisco de Sales, desde la cumbre del Cerro Chino, desde la cumbre del mismísimo volcán de Pacaya.
La vista es espléndida: Los volcanes de Agua, Acatenango y Fuego deslizan sus mantos hacia el sur del país. Se vuelcan sobre las costas con su perenne ciclo de vida y muerte, de aguas vitales, de inundaciones brutales. De píe en las faldas del Pacaya todo parece normal hasta que una explosión desde el cráter del coloso o el calor de sus ríos de lava nos recuerdan lo mísero de nuestras cuitas, lo calamitoso de ser humano.
Adocenada es, entonces, la foto que presento. Pero vale por las palabras que no puedo expresar con la coherencia que la imagen merece.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Chikabal ( y II ).

Volcanes Tajumulco y Tacaná vistos desde el volcán Chikabal:

Quiéreme tierra,
siembra tus encinos
en la palma de mi mano.
Tus aguas serán
el destino perfecto,
sus colores darán
refugio a mis
cansados ojos.
Y el descanso,
el sueño,
saciarán su osadía
en los colores nuevos
que constuiremos juntos.
Tierra:
soy tuyo.

Noviembre de 2009.

Chikabal ( I ).

"Corrían los días de a fines de guerra,
había un soldado regresando intacto:

Intacto del frío mortal de la tierra,

intacto de flores de amor en su cuarto..."
Gaviota, Silvio Rodríguez.


En la foto: Roberto, Ricardo, Edgar y yo. Año de 1997.
Universitarios todavía. Nos gustaba planear y planear las salidas a los volcanes. Con Roberto nos íbamos a la biblioteca de la facultad de Agronomía a ver los mapas en escala 1:50,000 donde apareciera algo que se aproximara a una ruta de ascenso al volcán elegido. No entiendo por qué o cómo elegíamos los objetivos. De Chikabal, supongo, fue por la laguna mítica que tiene en su cráter. Vimos esos mapas viejos, sacamos notas, repartimos responsabilidades (agua, comida, fuego, linternas, cámara fotográfica) y nos fuimos.
Aventurar.
Salimos de Guatemala rumbo a Quetzaltenango, unos 200 kilómetros de camino. Llegamos de noche y dormimos en un hotel bien acondicionado ("El Peregrino", si mal no recuerdo). Al día siguiente salimos hacia la terminal y tomamos el bus que baja a la costa por la ruta que conduce a Costa Cuca.
Le pedimos al ayudante del bus que nos dejara en la entrada de la ruta de ascenso al volcán, en San Martín Sacatepéquez y, el muy despistado, nos falló. Una aldea pequeña que se llama "Las Nubes" fue nuestro punto de inicio.

Cruzamos la aldea entre el ladrido y los arrebatos de los perros. Preguntamos por el volcán y, tímidamente, nos dieron respuestas señalando el coloso. Tuvimos que meternos en un zanjón que adivinamos como lecho de río seco, o bajada de agua en tiempo de lluvia. Difícil a más no poder. Luego entendimos que estábamos haciendo el camino por la cara sur: la ruta entre campos sembrados de papa y camote, maíz y frijol.
Encontramos a un campesino con sus hijos, cargados de leña y costales de papa. Los costales eran más grandes y más pesados que los niños. Nos detuvimos, les dimos agua de nuestras cantimploras.
Pasando un tupido matorral de caña de castilla aparecía la apetecida cumbre. Yo fui el último en llegar ahí. Los rostros de ellos, de mis hermanos, emanaban felicidad.
Llegar y ver: bastan los ojos para sentir.

Lo llevo en la sangre.

El tercero, de izquierda a derecha, es mi padre, Alejandro. El lugar es la cumbre del volcán Acatenango (que yo he mencionado en varios posts de este blog).
Hoy me enteré que esta salida de mi papá fue justo el año que yo nací... es decir, hace más de 35 años de esto...
En las fotos también aparecen el doctor Del Valle, Luis Rosito y mi tío Porfirio...

Veo y re contra veo las fotos y me doy cuenta que está grabada en mi subconsciente, que son las fotos que acompañaron mi infancia y que me provocaban dibujar volcanes y buscar verlos y añorar subirlos...
...subirlos como lo hizo mi padre.

Gorilas en la Niebla

¡Qué lindo era tener cámara fotográfica en aquellos tiempos de torpe juventud! Tener esa 135 reflex que tantas batallas peleó junto a nosotros y que tantas fotos nos regaló aun y con la desventaja de nuestra poca pericia en su uso.
La foto pertenece a la mítica salida de una Semana Santa memorable allá por el año de 1995 (¡catorce años de eso!). Esa vez hicimos la doble: Acatenango y Fuego en el mismo viaje.
En el camino hicimos unas fotos que dimos en llamar de la forma que titulo este post. Años después quisimos volver a encontrar esos árboles, esos bejucos... labor que, ahora, ha de ser imposible. La deforestación también ha llegado a más de 2,500 metros sobre el nivel del mar...
Edgar y yo sonreimos en la foto. El recuerdo basta y sobra.

lunes, 19 de octubre de 2009

Siempre...

La foto, ensayada y repetida un par de veces, corresponde a una salida reciente: la fecha que la cámara digital coloca en automático no me deja mentir. Un domingo que pudo ser cualquier domingo se convirtió en un retorno al sueño compartido pero intransferible de subir volcanes.
El lugar: Volcán de Pacaya (2, 225 mts SNM), ubicado entre los departamentos de Guatemala y Escuintla. Los involucrados: Giovanni, Edgar y quien suscribe éstas líneas.
Y, claro, la foto nos capta (a Giovanni y a mi) señalando el punto donde inició la caminata: San Vicente Pacaya, a unos 4 kilómetros de distancia de donde, casi en derrota, nos encontrábamos ya.
No hace falta mucho para poder subir y ver, para recordar, para sentir el frío del viento que presagia nuestro invierno seco, no hace falta que se abran las compuertas de la noche. Ser y ver es la ecuación de lo simple. La complicidad de viejos amigos, la tecnología que nos pone cercanos de los que no pudieron ir (llamar por celular a Guillermo y a Roberto) y contarles que la felicidad es apenas eso y nada más.
Los pasos cansados (la juventud se va sin más), las palabras que bordan pláticas que tienen dejos de novedad y de remembranza: eso es todo.
Señalar ese lugar posible de donde surgen los caminos que apenas nos perdonan.

domingo, 24 de mayo de 2009

Volcán de Pacaya

Fue y es nuestro sueño constante. La cercanía con la capital lo convierte en destino perfecto para escapadas de poca duración, de esas de un día para otro. Es bajito (la guía de volcanes le marca 2,552 msnm.), pero está activo siempre, en constante mutación. Este volcán es la vida misma. Estas fotos corresponden a una salida que yo creo que fue en 1997. Ibamos en la colada Roberto, Edgar, Mario, Álvaro y yo. Una carpa y muchas ganas de estar ahí. ¿He mencionado que nos movíamos con muy poco dinero? Recuerdo una de las primeras veces que fuímos juntos a ese lugar y que a penas sumábamos 5 quetzales cada uno y que al regreso tuvimos que subirnos de colados en la camioneta, o algo por el estilo. En fin. Esta vez no recuerdo que fuera de esas que estábamos cortos económicamente hablando, pero fue muy interesante el escalar el cono principal y ver y caminar sobre la lava seca, llegar hasta el extremo sur y divisar nuevos horizontes vedados originalmente por la actividad del coloso.


Si mal no recuerdo, subimos de noche y nos quedamos a dormir en la hondonada que separaba la meseta de los cerros Hoja de Queso y Grande. Asustados por el constante deambular de los caballos que pastan por ese lugar dormimos poco y mal. La fogata y la comida calentada en ella reaniman a cualquiera. En la mañana subimos el cono principal y de ahí es esta segunda foto, entre las piedras del borde del cráter y con los cerros mencionados al fondo como marco del esplendor de los días que se van volviendo recuerdos.

martes, 7 de abril de 2009

Salto Temporal 24

Era noviembre... una carretera más junto a los amigos de siempre menos uno. Reír y reír dentro del automovil y echarnos en cara que tomamos pésimas fotos con las cámaras digitales, añorar una buena Reflex 135 y rollos de ASA 400 para tirar y tirar fotos... extrañar el sonido del obturador, el trabajo de poner la velocidad y el diafragma, la duda sobre si la foto sería lo que nuestros ojos habían visto a través de la pequeña ventanita...
Al final nos detuvimos porque cada foto era peor que la anterior. Me bajé del carro, me apoyé en el capó y lancé mil conjuros para que estos dos titanes dejaran su sombra en la pantalla de la cámara.
Los volcanes de la foto son el Acatenango (3,976 msnm) y el de Fuego (3,763 msnm)... están vistos desde la carretera, desde la recta de Patzicía, Chimaltenango...
El frío de esas alturas todavía cala en mi memoria.

martes, 3 de marzo de 2009

Camino 25

No tengo claro de hace cuántos años es esta foto. Creo que por lo menos serán diez.
En la colada original de este viaje iban Sheila y Gaby, Roberto, Victor, Edgar, Ricardo y yo.
Es una de las tantas fotos del ascenso al Volcán Zunil (3,542 msnm), Quetzaltenango, Guatemala.
La ruta... pues la más extraña... empezar por el cerro Paraxkim, pasar por la montaña Siete Cruces, terminar en el Volcán Zunil... toda la ruta sobre los 3,000 msnm... unos veinticinco o treinta kilómetros de caminata exigente.
Llegamos de noche a la cima del cerro Paraxkim... nos dieron permiso de dormir en una caseta de una de las tantas antenas de repetidoras que hay en esa cumbre (repetidoras de señales de televisión, radio, celulares). Tembló fuerte esa noche: Ricardo y Víctor salieron huyendo de la caseta... era la primera vez que sentían un temblor de esa fuerza. Los demás, tan acostumbrados a que sucedan cosas así, nos limitamos a esperar que pasara el temblor y seguir durmiendo.
Caminamos al día siguiente por toda la montaña Siente Cruces y logramos llegar al atardecer a las faldas del Volcán Zunil. Armamos las carpas, juntamos fuego, cocinamos. Pasamos la noche ahí.
Antes de irnos a dormir, recuerdo que Ricardo y Edgar decidieron aprovechar la poca luz del atardecer que se aproximaba. Subieron sin carga para ver cuánto nos faltaba para hacer cumbre total. Estuvieron fuera del campamento como media hora. Regresaron contando que habían hecho cumbre, que faltaba poco, que habían visto un atardecer que todavía envidio no haber visto con ellos.
Al día siguiente escondimos nuestras mochilas y, con agua nada más, subimos a ver el amanecer en la cumbre. De ese momento es esta foto. En ella aparecen (de izquierda a derecha): Edgar, Yo, Roberto (perdido apenas en la sombra), Ricardo y Víctor. La foto fue tomada con el automático de la cámara...
Ahora me pierdo en esa imagen: Ricardo ya cumplió dos años de haberse ido de nuestro lado... de Víctor nada sé. De los demás (Roberto y Edgar), he de decir que los vi hace poco, que sus manos son mis manos y que cuentan conmigo como yo sé que cuento con ellos. A Sheila no la he vuelto a ver, Gaby... pues a veces la he visto rondar por esas calles del centro, llevando a su hijo a la escuela.
Mis sueños en las alturas de los volcanes no se pueden comparar con nada de mi presente de costa y calor. Nada de lo que hago ahora es, siquiera, espejo de ese que fui hace años. De ese que se sentía cansado pero feliz de ver las cumbres que lo rodeaban, de ver los rostros de las y los compañeros que se unían a las escapadas hacía el verde y el frío.
Miro mis manos ahora y recuerdo tantas cosas que han tocado, tantas veces que se han lastimado, tantos apretones de mano que ya no sentirán...
Mis sueños son esto: un recuerdo de alguien que recuerda que recuerda.

jueves, 24 de enero de 2008

Camino 21

Subiendo desde Cocales y pasando por Patulul, se empieza a ver un horizonte turgente. Los volcanes del Lago de Atitlán se parecen a un sueño, a una pesadilla. Primero al frente y luego a la izquierda del camino vemos al Atitlán y al Tolimán, los gigantes dormidos que custodian esa caldera volcánica en la orilla sur-este.
En la foto vemos la orilla sur-oeste, allí el volcán San Pedro.
La imágen fue obtenida desde el muelle de la casa de Chukmuk, Santiago Atitlán.

lunes, 14 de enero de 2008

Camino 20

Se me antoja curar mis heridas viendo hacia el pasado. El total pasado. Uno de alegrías y sueños que valían la pena por un momento. Festejo mi llegada a 20 Caminos con esta fotografía que muchos dábamos por perdida.
En la foto, de izquierda a derecha: César, yo, Roberto, Edgar y Mario.
Lugar: Cumbre Alotenango, Volcán Acatenango.
Hace más de 13 ó 14 años de esto. Fue nuestra primera vez de salir todos juntos. Nuestra primera vez en el Acatenango, nuestra primera vez con César (ChechaPanchoBeto o Gonzo).
La foto estaba muy dañada, se había quedado pegada dentro de un album con el cartón de otra foto sobre ella... culpemos a Roberto y acertaremos. Hoy la saqué del album y me di cuenta que no eran partes de la foto las que hacían falta sino, tenía esos pegotes que, con paciencia, han salido casi por completo. Luego unos filtros de edición y algunas pinceladas aquí y allá. ¡Voila!
Ese día hicimos cumbre a medias, no subimos la Acatenango. Para variar no habíamos dormido bien porque nos dedicamos a cuidar una fogata que no disfrutamos del todo. No llevábamos suficiente comida y tuvimos que robarla (jejejjeje)... En el descenso Mario se perdió... es una buena anécdota la de los chavos que encontramos en las faldas y les preguntamos si lo habían visto y dijeron: "uno alto que lleva un zarapito..." y pues el famoso zarapito es esa sábana en la Mario está envuelto en la foto...
Ahora estoy contento... las cosas sencillas son más evidentes... tanto que recordar, tanto que decir.

domingo, 13 de enero de 2008

Salto temporal 17

Esta foto estuvo en manos de Roberto durante años. Fue hasta nuestro convivio de fin de año que, frente a todos (menos Guillermo que ya estaba dormido) hizo entrega oficial de esta y otra más para su publicación en este espacio.
Le hice una pequeña restauración digital. Como las otras fotos de esta salida (mayo de 2007, Salto temporal 3 y Postdata al Salto temporal 3), estaba muy opaca y atacada por polillas. Nada que un programa de edición digital no pueda solucionar.
Bien, en la foto, de izquierda a derecha: Edgar, Giovanni, Roberto y yo. Con cara de hastiados, puesto que no habíamos dormido bien la noche anterior, entre temblores y hacinamiento en una sola habitación de hotel en Panajachel, Sololá. Faltan en la foto Mario y sus amigas... entenderán que ya para ese momento ya estábamos un poco hartos de los tres.
De esta foto ya harán unos buenos 13 o 14 años... los rostros juveniles de esos fantasmas de la foto ya son historia. Las historias de esos tiempos, las que pudieron haber contado esos fantasmas de la foto no las recuerdo, no las encuentro.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Camino 19

Hay una cumbre que se llama Paraxkim. No es muy alta, tendrá unos 3,100 msnm. Pero esa cumbre es el punto de partida para un sueño enorme y recurrente.
En la foto estamos Roberto y yo. Hace años de esto, tal vez diez u once. La foto es obra de Edgar y le agadezco profundamente por eso.
La noche anterior nos habíamos perdido como tontos. Caminamos mucho y luego, a eso de las tres de la madrugada, logramos llegar a la cumbre del cerro Paraxkim. Nos quedamos a dormir en las tablitas de una improvisada cocinita hecha por un albañil que trabajaba en la construcción de las casetas de vigilancia de las antenas que en ese cerro se yerguen. La invitación para el ascenso nos la había hecho don Max. Luego lo logramos encontrar y. a su manera, nos indicó la ruta. La foto está tomada cerca del nacimiento de un río. Arroyo pequeño que pareciera condenado a perecer entre la tosca hospitalidad de la tierra y las plantas del entorno. Un páramo seco y duro, cortante.
Y este era el inicio para ese sueño que te lleva desde el cerro Paraxkim hasta la montaña Siete Cruces y desde allí hasta el volcán Zunil. Kilómetros y kilómetros de caminata agreste y exigente. Ruta de descenso de los antiguos K'ich'e hacia la costa sur.
Ya este sueño tendrá más fotos. Ya las tendrá.

martes, 30 de octubre de 2007

Camino 18

En la foto, de izquierda a derecha: Daniel, Roberto, Mario y Edgar.
Lugar: Las faldas del volcán Acatenango, entre los departamentos de Sacatepéquez y Chimaltenango.
¿Cuándo?: Un 13 de abril de 1995. Plena Semana Santa.
Queríamos probarnos. Hacer la mítica "Doble". Es decir, subir en un mismo viaje los volcanes de Acatenango y de Fuego.
Ambos volcanes se encuentran juntos, los separa nada más un collado de piedra y a los ojos mal entrenados parecerán volcanes gemelos. El Acatenango es el más alto, con una cumbre que marca los 3,976 msnm. El de Fuego, más al sur, con faldas que bajan hacia Escuintla candentes de lava, mide 3,763 msnm.
Este ascenso inició, como todos los de Acatenango, en la aldea la Soledad. Ajenos a nuestra costumbre de subir de noche, iniciamos el camino a eso del mediodía y la foto marca el momento de la parada para comer algo. Ascenso rutinario por demás. No se puede hablar mucho de él. Hicimos la cumbre Yepocapa o "Tres Marías" poco después del anochecer. Ya en la cumbre una densa niebla nos desorientó bastante y nos impidió por un rato dar con el, ahora desaparecido, refugio en esa cumbre. Luego la niebla se disipó y pudimos tratar de acomodarnos allí. En las plataformas de madera dentro del refugio se encontraba un grupo de Salvadoreños (eso lo supimos al día siguiente) que se levantaron muy temprano para hacer la cumbre Acatenango, la principal y más alta. Nosotros les hicimos gundas, puesto que subimos con todo nuestro equipo a la espalda, ya que para nuestros planes, esa cumbre no era más que una parada técnica en el camino que seguía hacía el Volcán de Fuego.
Hay una foto en un post viejo, acá mismo, una foto blanco y negro que muestra la vista de este segundo volcán desde la cumbre del primero (mayo 2007, Salto Temporal 5). Los aconteceres del resto de la ruta son materia de otro día.