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martes, 2 de noviembre de 2010

Dar inconsciente

Las notas del Forró de los Filhos de George estaban en lo más alto. Ella cantaba cosas que no sé, que no entiendo. Volaban los cuerpos alrededor y apenas atinaba a seguir sosteniendo mi cuerpo aferrado al esbelto cuello de un vaso de cerveza.
Nada más que decir: bailé, grité, giré y busqué cigarrillos como loco.
Entendí, en suma, que el sueño de estar ahí delimitaba mi antes y mi después. Hoy, viendo estas fotos recuerdo las señas más pequeñas, los ojos de Juliana, los amagues de delicadeza que nunca he tenido. Hoy, acá, me arrepiento de haber tomado la foto y no ser yo el que esté ahí, traslúcido, borroso, fantasmal. Irreconocible.

Volver...

Después de días andando por muchas calles, revisar papeles, ordenar la librera vieja y la librera nueva, después de asistir a los sueños rotos y a las derivas premeditadas... después de tanto, vuelvo.
Hay días que no tengo razones claras para darte, hay otros que no entiendo si es necesario o no. Hoy, por ejemplo, decidí decirte la verdad y ni siquiera yo mismo pude convencerme de lo emprendido y sus consecuencias. Muchos días atrás veía por encima del muro y creía que la lluvia no me alcanzaría. Hoy llovió y pude contarte que sentí el olor del pino quemándose y de la tierra mojada, olores mezclados, asomo de cordura junto con las gotas de lluvia que presagian un invierno común y corriente. Eso es volver. Sanar los sueños que se desangraban, poder ser y estar contundente desde ninguna parte.
Y volver pronto otra vez a ese sueño que es volver pronto.