"...
terminará / el 13 B'aqtun
el día 4 Ajaw / 3 K'ank'in
ocurrirá / veremos
a B'olom Yocte' / en la gran investidura..."

Abordar un avión y otro y otro... La ruta de vuelta de Salvador Bahía contaba con escalas en Sao Paulo y Panamá. De este último debíamos llegar a Guatemala en una noche marcada en el calendario como 27 de mayo. Pero las cosas no fueron tan sencillas... en fin. Salimos de Panamá a la hora indicada, faltaba poco para llegar a Guatemala cuando avisaron desde la cabina del avión que era imposible aterrizar en La Aurora, aeropuerto principal de Guatemala. El motivo: el Volcán de Pacaya tenía una fuerte erupción y había dejado a la capital bajo un buen número de centímetros de ceniza y arena... sobrevolamos El Salvador durante un buen rato tratando de aterrizar ahí... sin éxito... Entonces volamos hacia San Pedro Sula en Honduras y ahí ni siquiera salimos del avión. Recargaron combustible y nos llevaron de vuelta a Panamá, sin consulta y entre un enorme descontento y cansancio... varados en Panamá no quedó otra que dormir y esperar. Gracias a los buenos servicios de la gente de UNFPA logramos cambiar de hotel y negociar un vuelo a El Salvador... Pasamos un día en Panamá y luego volamos a San Salvador, al día siguiente subimos a un bus y entramos a Guatemala por tierra...
Las notas del Forró de los Filhos de George estaban en lo más alto. Ella cantaba cosas que no sé, que no entiendo. Volaban los cuerpos alrededor y apenas atinaba a seguir sosteniendo mi cuerpo aferrado al esbelto cuello de un vaso de cerveza.
Después de días andando por muchas calles, revisar papeles, ordenar la librera vieja y la librera nueva, después de asistir a los sueños rotos y a las derivas premeditadas... después de tanto, vuelvo.
Más que aburridos, estábamos hastiados de lidiar con esa gente. La solución momentánea fue subirse en el murito que divide los patios de aula de la escuela tipo Federación de Santa Elena y tomar esta foto. Al fondo, flotando sus luces en el lago Petén Iztá está la Isla de Flores. ¿Cómo es la isla? Mejor visítela y me cuenta.
De aquellos viajes de hace más de una década, conservo la imágen clara y potente de un descenso a un acuático paraíso-infierno. Subir a lo alto de un cerro para luego, entre rastrojos de milpa, llegar a la orilla de la laguna que se adivina en la foto.
Esta foto me provoca sentimientos encontrados... alegría, tristeza...
Y, treintitantos años después, ese soy yo frente al mismo templo.
El tercero, de izquierda a derecha, es mi padre, Alejandro. El lugar es la cumbre del volcán Acatenango (que yo he mencionado en varios posts de este blog).
Veo y re contra veo las fotos y me doy cuenta que está grabada en mi subconsciente, que son las fotos que acompañaron mi infancia y que me provocaban dibujar volcanes y buscar verlos y añorar subirlos...
...que se acaba y no escribo en este mes... poco importa.
"-Te llamaba nada más para saber si me puedo comer el pan con jamón que Giovanni trajo y... como vos no estás y Giovanni insiste que el pan es tuyo... pues me dio pena y... eso... quiero saber si me das permiso para comerme el pan...
Otra jugarreta que te juegan el tiempo y los caminos es el olvido parcial. Ni siquiera la cercanía de este viaje y los kilómetros que significó llegar hasta allí, son fuente de información confiable.
Un sueño ha sido. Los conocí hace 12 años. Llegaron y se instalaron en la cresta de la ola. A ambos los hice mis hermanos sin pensarlo dos veces. Uno de ellos hoy es una estrella más. Omitiré sus nombres y las circunstancias de la foto. Que sea este un post para compartir sus rostros infantiles, sus sueños de libertad que fueron mis sueños también y, de diferente forma, siguen siéndolo.
Volver y ver.