domingo, 23 de septiembre de 2007

Camino 17 (Locura Manifiesta)

Acatenango nos jugó una muy mala pasada en la semana santa del año de 1995. Ya hablaré de eso en otra ocasión. El caso es que le pusimos un veto de 5 años: ni pensar subirlo para no permitir que se volviera a burlar de nosotros. En el lapso ese, concentramos nuestras fuerzas en otros volcanes, la mayoría en ese lejano occidente altilplanicio. Pero todo plazo se cumple. No sé si fueron 5 ó 6 años después, pero, a pedido de alguno de nosotros (juro que no fui yo), decidimos hacer "el regreso". Sabíamos de nuestra falta de condición física, sabíamos lo exigente que es ese volcán (aunque bastante indulgente había sido con nosotros, dejándonos hacer algo así como 4 ascenso en dos años), pero... a veces es mejor intentar y eso hicimos. Los implicados: Giovanni, que venía de una larga recuperación después de sufrir un accidente de tránsito; Edgar, que tal vez era el que en mejor condición física tenía (en ese entonces, jejeje); Roberto, que prestó su poderosa pannel blanca sabritera para llevarnos más cómodos y que, al igual que yo, sufre por rodillas lesionadas... y pues yo, que es sabido por todos que soy una colección de achaques ambulante.
A pesar de los pesares, hicimos la ruta de ascenso desde La Soledad hasta Yepocapa en unas 7 horas, casi sin detenernos... pero esa noche, en aquella hondonada, sirvió para derrumbarnos: lluvia, hacinamiento en una carpita, poca comida, frío... lo lógico de estar sobre los 3500 metros sobre el nivel del mar. Al día siguiente nos dábamos topetazos en las piedras al ver lo cerca que habíamos quedado de tener un lugar plano donde dormir. Hicimos de tripas corazón y enrrumbamos hacia la cumbre Acatenango... de ese momento de tortura es esta foto. Giovanni y Edgar iban adelante, ellos hicieron cumbre primero y, lógico, uno de los dos hizo esta foto (creo que fue Edgar, pero ya le preguntaré)... Roberto y yo... pues a paso de tortuga con cayos. Hay otra foto que ve, desde nuestra perspectiva de rezagados, a los dos que van delante... la voy a colocar acá otro día y con ella daré fin a este relato. ¿Les parece?

Camino 16

Guardarse el enojo. Pero más, guardarse la humillación de la propia ignorancia. En ese entonces, no sé ahora, el Volcán San Pedro tenía la cumbre cubierta de árboles... nosotros no lo sabíamos y fuimos a chocar de narices contra lo espeso de la vegetación sin creer, hasta hoy día, que habíamos hecho cumbre. Foto de grupo: al fondo, encendiendo un cigarrillo (el enésimo) yo, Daniel; con gorra verde y camisa negra: Dany; con camisa rojo y blanco, enseñando la mazorca y haciendo la señal de peace & love: Alvaro; abajo, con camisa blanca y gorra multicolor: Roberto y, con la mirada perdida y las piernas estiradas: Olivia. Por eliminación, la foto fue tomada por Edgar que también iba en ese viaje.
El ascenso fue matador, vaya volcán para ser difícil. Perdimos la ruta en la oscuridad de un cafetal que más parecía un laberinto y que nos restó tiempo, además de obligarnos a pasar la noche en las faldas del volcán, a la orilla del camino. Luego, al día siguiente, completamos el martirio del resbaladero que era la ruta, por lo empinado, húmedo y lodoso, hasta llegar a esa planicie con árboles burlones. Alvaro, por su condición de ser el más pequeñito del grupo, tuvo que sopotar nuestros intentos de subirlo a un árbol usando una cuerda... que absurdo es decirlo, pero en ese entonces parece que éramos más lúdicos que lógicos. Vaya... también es digno de recordar el desconcertante proceder de Dany... desde Panajachel (¿o desde Guate?), venía arrastrando no sé qué dolencia por una fémina con nombre que empezaba con la letra K... ahora me causa gracia, pero en aquel entonces pues enojaba un poco, sabiendo las penurias que pasábamos para poder juntarnos y salir... El ahora ya no es de penurias sino de algo parecido a la sobrevivencia, tal vez no económica (digo, no tanto como en ese año), sino emocional, sentimental, ideológica... de la vida toda.

Salto Temporal 15

Hice costumbre durante varios años el dejar todo y marcharme. No era novedad para nadie, porque saben bien que tiendo a desaparecer, a no dejar huella de mi paso, a no dejar pistas de mi paradero. Pero éstas veces fue distinto. Fue entre los años 1998, 1999 y 2000. Hacía maleta el 27 ó 28 de diciembre y me iba a Monterico, Taxisco, Santa Rosa. Playa lejana, solitaria, cosmopolita. Un libro, una libreta de notas, mil añoranzas y la cura de la distancia y de soledad. Poner píe en el embarcadero de la Avellana para cruzar el canal de Chiquimulilla era ya estar lejos, era ese estar solo que tanto bien me hacía en esos años de frustraciones, desamores, sobresaltos y depresión. En esos años de amigos miles, música mil, alegrías desaforadas, borracheras de antología, me hacía bien el abandonarlo todo. En las últimas salidas pues convocaba a mis más cercanos, a los amigos de siempre. Esta foto pertenece a ese último año... creo. Esa vez me hizo compañía Edgar y con él hicimos una serie de fotos en las cuáles no aparecemos nosotros, ya estábamos un poco hartos del retrato, del querer dejar constancia de nuestros lugares y nuestros rostros. Partimos de regreso a "la ciudad y la trampa" antes del año nuevo, para estar con nuestras familias. Queda esta imagen para tratar de colocar en ese mapa mental esos momentos. Lo que se dijo y se pensó, lo que se soñó o se sintió entre pesadillas durante cada estancia por ese paraiso, pues no es incumbencia de este portal, es materia de hablarlo cara a cara. Prometo no ocultar nada.

Salto Temporal 14

Ceremonia larga y tediosa. En el rostro de Adelaida se nota mejor el aburrimiento al que hago referencia. Corría el año de... no recuerdo. El lugar es Cobán, Alta Verpáz. Los implicados en este viaje pues eramos muchos. Incluyendo a Juan y Adelaida que nos dieron el motivo para la movilización, ya que, en ese acto, ellos recibirían los premios que los acreditaban como ganadores de los certámenes de cuento y poesía de los Juegos Florales de esa localidad. ¿Quiénes más? Pues recuerdo a Juan Pablo y Fredy, que fueron mis compañeros de viaje ese día y de habitación esa noche. Afuera llovía. Después del acto, pues tacos en el parque y una parada estratégica para tomar cerveza en un bar cercano al hotel donde nos quedábamos. No recuerdo bien las intimidades del acto, yo la hacía de fotógrafo con una reluciente Cannon AE1 que luego nos acompañó por mucho rato más. Juan y compañía tenían lugar donde quedarse, en la casa de alguien y no pudimos compartir mucho esa noche. Adelaida tenía toque de queda porque la acompañaba su mamá y su hermana. ¿Qué más decir? Ah, sí... la estupidéz del rancio abolengo Cobanero... su manía por la grandilocuencia... su avejentado militarismo.

Ataque narcisista al Camino 15

Quede constancia de mi imagen, de ese fantasma que fui hace más de diez años. Mi triste figura en un marco esplendido, a más de 3000 metros de altura y acompañado de esos mis amigos que tanto quiero.
Archívese. Cúmplase.

Camino 15

¡Hoy sí! Empiezo con las de Acatenango, historias de sangre, sudor y lágrimas. Esta foto corresponde al segundo intento de ascenso que hicimos a ese volcán. En la foto: Daniel, Mario y Roberto. La locación, la parte de bosque nuboso que tiene el coloso en sus faldas sobre los 2500 msnm. El fotógrafo: el automático de la zenith de marras. Esa vez llegamos a la cumbre Yepocapa casi gateando... tal vez fruto de esas malas noches que nos recetábamos por dormir a la intemperie, sin carpa ni bolsas de dormir. Ya allá arriba pues sacamos a relucir nuestro cobre, porque un grupo de colegas andinistas (¡chila mier...!) nos pidió que les tomáramos fotos con nuestra cámara. Y la pobre zenith ya estaba para el arrastre... no corría los rollos con los que se le alimentaba... lo más seguro fue que les dimos a los pobres chavos un rollo virgen y sus poses de machines en los cráteres se quedaron en el olvido, en ese olvido, especie de polenta espesa, que tanto cuesta conjurar.

Camino 14

Un post anterior tiene una foto del día después de ésto. Es aquel que le dedico de forma descarada a Regina, foto tomada cuando ya ibamos para abajo de este volcán (el de Agua). Acá vamos para arriba. Apenas ibamos tomando impulso en la subida y ya la lluvia había hecho el trabajo de dejar el camino como un muladar. Y, precisamente en ese muladar, encontramos al chavo que, queriéndo llevárselas de superman, cargaba con las mochilas de las tres damitas que acompañan la foto (además de Regina, claro está). Los otros supermanes, es decir, Mario, Roberto y yo, pues amablemente nos ofrecimos a ayudarlas. Cada oveja con su pareja y seguimos pa' arriba. Resultaba exacto: cuatro hombres, cuatro mujeres, pero nadie se decidía a atacar. Yo no dudé ni un momento (incluso cuando Roberto se metió el zapotazo que obligó a que le sacáramos cosas a su mochila y las metiéramos en la mía) y me le pegué (marca fija) a la chava del suéter negro y pantalón acid wash ochentero que está a la par de Roberto. ¿Quiéren saber como se llamaba? ¿Creen que no me acuerdo? ¡Já! Dicen que un caballero no tiene memoria, pero como yo ni de lejos soy uno de esos, pues me acuerdo bien, se llamaba: Lida.
La foto de grupo es también un ritual. Las condiciones no ayudaban, como ya expliqué antes (cámara, lente, flash... etc.). Lo que no recuerdo es cómo se llamaban las otras chavitas... lo ignoro... y mucho menos el superman ese...
Las cosas son eso mismo... memoria de la memoria misma.