domingo, 24 de mayo de 2009

Volcán de Pacaya

Fue y es nuestro sueño constante. La cercanía con la capital lo convierte en destino perfecto para escapadas de poca duración, de esas de un día para otro. Es bajito (la guía de volcanes le marca 2,552 msnm.), pero está activo siempre, en constante mutación. Este volcán es la vida misma. Estas fotos corresponden a una salida que yo creo que fue en 1997. Ibamos en la colada Roberto, Edgar, Mario, Álvaro y yo. Una carpa y muchas ganas de estar ahí. ¿He mencionado que nos movíamos con muy poco dinero? Recuerdo una de las primeras veces que fuímos juntos a ese lugar y que a penas sumábamos 5 quetzales cada uno y que al regreso tuvimos que subirnos de colados en la camioneta, o algo por el estilo. En fin. Esta vez no recuerdo que fuera de esas que estábamos cortos económicamente hablando, pero fue muy interesante el escalar el cono principal y ver y caminar sobre la lava seca, llegar hasta el extremo sur y divisar nuevos horizontes vedados originalmente por la actividad del coloso.


Si mal no recuerdo, subimos de noche y nos quedamos a dormir en la hondonada que separaba la meseta de los cerros Hoja de Queso y Grande. Asustados por el constante deambular de los caballos que pastan por ese lugar dormimos poco y mal. La fogata y la comida calentada en ella reaniman a cualquiera. En la mañana subimos el cono principal y de ahí es esta segunda foto, entre las piedras del borde del cráter y con los cerros mencionados al fondo como marco del esplendor de los días que se van volviendo recuerdos.

1 comentario:

QTZLito dijo...

aaaaala ver...ta!!! cuando eramos más patojos jaja.

Pero que recuerdos tan lindos Rigo, por dios que si!!